Algún día no es un día de la semana

Parece ser que el ser humano tiende por naturaleza a posponer aquellas cosas que le dan cierta pereza, dificultad o respeto. Yo diría miedo. Y no hay nada más fuerte en lo que a impronta biológica se refiera que el miedo. Habremos evolucionado miles de años, pero nuestro cerebro primario no, y  el miedo una de nuestras emociones más fuertes, esa la que nos asegura la supervivencia. Pero también, en el siglo XXI, nos asegura llevar una vida de rutina, resignación, espiral de trabajo, familia, relaciones y amistades que ni llenan pero son lo que toca y oye, no me puedo quejar. Meternos en una burbuja de confort, seguir los dictados de lo impuesto desde afuera, hacer lo que se espera…, y un sin fin de Blablablás.

ruedas

¿Os suena aquello de comulgar con ruedas de molino?

Vamos, lo que yo llamo, vivir una vida que no es tuya. Y eso para mí, por fin me atrevo a decirlo en voz alta, y bajo un tormentón cual castigo del Antiguo Testamento, es una puta mierda.  El agua cae ahora en tromba sobre el tejado de uralita traslúcido de una recién ( y por fin), renovada biblioteca, con una fuerza que asusta. ¿Será una señal? Biblioteca en la que pasaba muchas tardes de niña y adolescente. Pero no por imposición de los típicos trabajos a boli bic (aquellos de los que guardo un bonito callo de recuerdo en mi anular derecho, unido a la toma diaria de apuntes maratónica en la uni) sino porque me gustaba. Libros, libros, y más libros. Siempre los he devorado. Era MI sitio.

Algún día no es un día de la semana. Es el título del libro de una de mis blogueras y escritoras favoritas (La ya nombrada, Sol Aguirre) . Nos decimos  algún día, para postergar esas decisiones arriesgadas, apuestas que no sabes a dónde te llevarán, escoger un camino u otro. Intentando racionalizar, las vamos retrasando y realmente excusando, que para eso ya no somos monos de Atapuerca, pero con una capacidad del autoengañe pasmosa.
Algún día
 dejaré a mi pareja, que soy tremendamente infeliz en este matrimonio, pero bueno, se supone que en todos hay baches, ¿no?
Algún día me buscaré otro curro, que me explotan como a una cabrona y no me gusta una mierda, pero oye, con ello pago las facturas.
Algún día empezaré a pintar, a coser, a sacarme un curso, aprender inglés, ir al gimnasio. Ir al médico por eso que me está molestando  ya hace años, ¿pero quién no tiene algo?
A dejar ir a esa a amiga o amigo que ya no lo es y no pinta en tu vida nada más que lazos del tiempo, pero que hace mucho que simplemente resta, y de qué manera. Pero es que llevamos siendo amigos muchos años…

Algún día.

Algún día.

Pues hoy llegó ese día.

Dicen que aquello que te gustaba de pequeña, lo que te salía de forma natural, aquello que te llenaba y te podías tirar horas y horas y no necesitar nada más, es aquello que impepinablemente te hacía feliz, y eso jamás cambiará. Aunque los deberías y el hacerse mayor, te obligasen a dejarlo aparcado en el fondo de un cajón, suerte del destino inexorable de eso que llaman crecer, madurar, ser un adulto. Pues y una puta mierda, digo yo, deslenguadamente.

En mi caso, siempre ha sido, escribir. Ya sea como liberación, como una ventana al mundo, alzar mi voz con mi pensamiento o bien serenar mi alma, pues no hay mejor terapia. Contar historias, las mías y las no mías. Las vividas y las inventadas. Crear.

No sé cuantos blogs, páginas webs, cuadernos de bitácora o como coño quieras llamarlo, habré tenido desde el año 2000, cuando por fin entró Internet en mi casa, abriéndome en lo personal, intelectual y como distracción, un mundo que reclamaba mi interior desde niña y que no se podía llenar de otra forma.

diarioenblanco

De estos también tuve y sigo escribiendo a mano, pero sacar las manchas de tinta son un coñazo.

No es momento de explicar el porqué hoy que arrancado algo que llevaba posponiendo meses, años. Que lo dejaba a medias, abiertos e inconclusos, quizás porque no me consideraba lo suficientemente buena o bien porque no tenían un propósito. Me suda la excusa en estos momentos. Siempre habrá decenas de Blablablás, para todo y para todo el mundo.

Porque alguien me dijo, inténtalo, no tienes nada que perder.

Yo digo, sí, TENGO MUCHO QUE PERDER. Pues si no lo intento, voy a perder la oportunidad más importante en la vida de cualquier persona.

Ser FELIZ.

Bienvenidos de nuevo a Mi Sombrero y yo.

“Para escribir sólo hay que tener algo que decir” – Camilo José Cela

Miss Hergberg.

 

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