Mi enfermedad invisible Parte I (Deshacer mi nudo en la garganta Parte II)

¡Hola de nuevo queridos míos!

Llevo dándole vueltas a este post, procrastinándole, enfrentándome con él en mi mente, masticándolo e imaginando cómo hacerlo. Me sorprende en momentos de insomnio. Semanas, puede que un mes. Se me atraganta e indigesta, me da pavor. Miedo las reacciones o las consecuencias. Aunque qué mas da, si las acabo viviendo más pronto que tarde.
Se me indigesta en todas sus acepciones posibles y ya entenderéis porqué. Pero, es tan necesario y a la vez, ¿valiente? que… tengo que hacerlo. Davinia, ¡ cuéntalo ya!

No sabéis lo tremendamente liberadora que fue la anterior entrada. En el momento que di a publicar, supuso un grito imaginario al mundo, romper cadenas y soltar lastre. No era por vosotros, era por mí.

Esta vez, sí es algo que tengo que contar (y explicar). Tocar conciencias, remover entrañas.

SENSIBILIZAR Y DIFUNDIR. ABRIR LOS OJOS Y LAS MENTES DE UNA VEZ Y DEJAR DE PREJUZGAR. LAS ENFERMEDADES QUE NO SE VEN, SON LAS PEORES.

Porque esto que me ha pasado a mí, puede que mañana seas tú. O un familiar, o un conocido. Que ya lo sufras de alguna manera y tu cuerpo te está avisando y los demás le quitan importancia porque está tan normalizado. Quizás ya hayas ido a un médico y te hayan dicho que es psicológico (¡ja!) y hayas tragado con ello.

En la sociedad de la ignorancia colectiva, el despacho rápido y la corrupción en todas sus formas, aquí, en España (sí amigos, porque este desconocimiento insultante entre los médicos NO ocurre en Europa y USA), acabará por enfermarnos a todos, de una u otra forma. No estoy exagerando ni plegándome a conspiranoias, porque si llegarais a saber todo lo que he tenido que aprender por mi cuenta y todo lo que me he encontrado en los últimos dos años…

De momento me conformo con que os planteéis lo que aquí trataré de plasmar (porque es una never-ending-story)

Y como esta historia, es tan difícil y sencilla a la vez de entender, os la iré contando por capítulos.

Todo empezó un caluroso Agosto de 2003. Recuerdo perfectamente lo que estaba haciendo y el primer síntoma. Tres meses más tarde, me estaba viendo un digestivo privado.

“NIÑA, TÚ LO QUE TIENES, ES COLON IRRITABLE. ESO SON NERVIOS” 

¿Os suena?

Hasta que 16 años después, perdí mi vida laboral, económica, personal, familiar, hasta amorosa.

ME QUEDÉ SIN SALUD Y SIN RESPUESTAS. 

En honor a la verdad, sí me daban respuestas. En forma de silencio, rocambolescas, incoherentes y vuelta a lo psicológico. Fulminantes, para que no exigieras tus legítimas pruebas y cuestiones, la mayoría atentando a la inteligencia. ¿Sabéis lo peor? Que te lo crees. Porque cuando nadie sabe decirte qué te pasa, acabas por creerte cualquier cosa que te dicen. Desesperación total. Da igual en la Seguridad Social que los mejores médicos pagando.
Claro que a mí me pasaba algo. Me pasa algo. Por tardar años en no hacer nada  (o hacer cosas que me condenarían a la postre, por pura ignorancia, desidia o negligencia, todo a la vez), me condenaron a estar muerta en vida.

Claro que ya tengo diagnóstico. Sé al menos lo que me pasa (o más o menos), tenga cura hoy en día o no. Pero no por esos médicos. Si es por ellos,  hoy ni siquiera estaba tecleando todo esto. No tendría nunca que haber llegado a este extremo. Aquí hay unos únicos culpables y una sólo víctima.

También hay un héroe en todo esto. En unos años, cientos de miles de personas, muchas sin saberlo, tendrán diagnósticos correctos y tratamientos gracias a él.

 

Continuará…

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